La publicidad (a veces) engaña

Compré mi primer coche a los veintipocos años. En el concesionario –no voy a citar la marca-, el comercial me explicaba cómo el pequeño utilitario que estaba a punto de adquirir podía hacer lo que le pidiera: recorrer cualquier tipo de terreno, alcanzar velocidades increíbles, salvar vidas con sus sistemas de velocidad de última generación, aparcar solo… En fin, que el bicho era lo último en tecnología: lo más moderno.

No me lo pensé dos veces. Siempre me ha gustado lo más nuevo, aquello que incorpora las últimas novedades, de modo que piqué y me quedé con ese utilitario para tíos como yo, jóvenes progresistas, descarados, que rompen barreras y que cuando levantan la mirada por encima del hmbro sólo ven en blanco y negro.

Tardé poco tiempo en descubrir que me habían engañado. Lo que debía ser un coche impresionante se convirtió en un eterno dolor de cabeza. Sacarlo de la carretera para circular por caminos de montaña suponía destrozar ruedas, bajos, suspensión, dirección… Pasar de 150 km/h implicaba jugarse la vida. Dejar en manos del ordenador del coche el aparcamiento, suponía chocar con otros coches y magullar la carrocería…

El libro de instrucciones y todo lo que me había explicado el comercial del concesionario era falso: me había comprado un cochecito para dar vueltas por la ciudad y circular de vez en cuando y con mucha tranquilidad por autopistas. Siempre en terreno asfaltado, por supuesto.

Tardé varios meses en descubrirlo, varios meses y muchos miles de euros en reparaciones, hasta que descubrí cómo debía funcionar realmente mi cochecito.

A veces, aunque el anuncio sea espectacular, aunque lo que nos cuenten parezca increíble, el producto no es lo que dicen que es. Por eso, más vale pensárselo dos veces antes de comprar. Y, llevándolo a otro plano, también en muchas ocasiones hay que saber descubrir lo que hay tras esas fórmulas de felicidad que tantos nos ofrecen bajo el paraguas de un concepto tan amplio como vacío: progresismo. Ya he conocido a demasiada gente que, años después de haber comprado la fórmula de la felicidad progre, están intentando descubrir el verdadero libro de instrucciones que les asegure, esta vez de verdad, ser felices por primera vez en su vida.

 

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