Compro, luego existo

El tema está de moda: productos diseñados para durar poco. Sí, seguro que ha oído hablar en los últimos días de la “obsolescencia planificada“. El reportaje “Comprar, tirar, comprar” en TV3 y TVE nos ha recordado cómo las empresas juegan con nosotros y (añado yo) cómo nosotros lo permitimos.Julián Villanueva, profesor del IESE, soltaba hace unos días un tweet recomendando el artículo “The Limits of Consumption“, publicado en The Huffington Post por Peter Block and John McKnight. Muy interesante. Entre otras ideas, los autores señalan que en el esfuerzo por encontrar satisfacción en el consumo, “hemos pasado de ser ciudadanos a consumidores”.

I shop, therefore I am“, señalan los autores. Nuestra identidad se configura en función de la capacidad de compra y en nuestra mentalidad flota la idea de que todo es comprable: la felicidad, la salud…

Todos somos, en mayor o menor medida, cómplices de las empresas a las que ahora señalamos como responsables de fabricar productos con fecha de caducidad. ¿Cúántos años le ha durado su último móvil? Sí, responda. Porque tal vez su dispositivo supere la vida media de un móvil, que son 18 meses, pero no creo que se desvíe demasiado. Las empresas, claro, están detrás: Apple, por ejemplo, ha lanzado cuatro versiones del iPhone desde 2007, y conozco a más de uno que ha comprado iPhones casi al mismo ritmo.

“Estoy encantado con el iPad, es una pasada”, escuché hace un par de días a un tipo. “Sí, lo es. Yo ahora voy con el iPad, el iPhone 4 y el Macbook Pro a todas partes”, fue la respuesta. Pues eso, que el segundo tipo se va a dejar la espalda cargando con tantos trastos, que, además, quedarán obsoletos en pocos meses y que, por tanto, cambiará para no estar anticuado. “Es que la nueva versión del nosequé incorpora nosecuántos, que es súper cómodo“, una excusa clásica para tranquilizar conciencias y lanzarse a por la nueva generación de un gadget tecnológico.

El problema no es comprar un móvil o no, sino esperar, conscientemente o no, satisfacer nuestras ansias de bienestar comprando un móvil, un coche, un ordenador o un yate. Y para quien no entre en esta dinámica está la obsolescencia programada, de modo que sea imposible hacer durar las cosas.

Lo peor de todo es que, en mayor o menor medida, todos hemos entrado al trapo, incluso aquellos que disponen de menos recursos. El reto es aprender a vivir convencidos de que no por tener capacidad de comprar estamos obligados a hacerlo. No pasa absolutamente nada por llevar un coche de más de cuatro o cinco años, que no sea un 4×4, tener un ordenador un poco antiguo o no ir a esquiar. Siempre hay cosas más interesantes que hacer con el tiempo y con el dinero que invertirlo única y exclusivamente en uno mismo, que es lo más aburrido del mundo.

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  1. pater familias

    Guau, ¡qué nivel y cuánta razón tienes!

    Todos, cada uno dentro de sus posibilidades, cae en esta trampa que es el consumismo y si luchas por no hacerlo, da lo mismo, el producto (el que sea) tiene una vida limitada, así que, por mucho que lo cuides, acabará estropeándose mucho antes de lo que pensabas.

    Da que pensar

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  2. Fede

    A veces son instrumentos necesarios para desarrollar el trabajo. No sé qué tiene de malo aprovechar las ventajas de la tecnología. Me parece un artículo demagógico.

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