Momentos históricos: Invitar a los amigos a tomar una cerveza

¡Por fin! Ahora, como dicen algunos, ya me puedo morir. Uno de mis mejores amigos me ha invitado a una cerveza. Increíble. A estas alturas, pensaba que ya no lo vería. Junto con el final de las obras de la Sagrada Familia, que este buen hombre se estirara un poco y nos invitara a cinco amigos parecía un objetivo inalcanzable.

Lo cierto es que ha sido una encerrona. No le hemos dado opción y, con todo el dolor de su corazón, ha multiplicado por cinco su previsión de gasto. Es cuestión de mentalidad. A mucha gente, especialmente en determinadas zonas de España, no les cuesta. Te topas con alguien conocido por la calle y, venga, pincho de tortilla y caña, da igual quien pague, porque el pacto no escrito indica que una vez paga uno y la siguiente el otro.

Aquí, sin embargo, cuesta. Cuesta incluso que entiendan por qué les estás invitando. Cuesta quedar con la gente. Cuesta que te hagan un hueco de modo improvisado para tomar un café o una cerveza. Y todo cronometrado.

Este amigo se ha estirado y ha aflojado la mosca. No sé cómo reaccionará cuando se dé cuenta de lo que ha hecho, pero ha sido histórico. Además de la cerveza gratis hemos conseguido que pague. Lo dicho: histórico.

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