A los indignados “se les va la bola” definitivamente

No he votado a ninguno de los diputados que esta mañana se han dado “un baño de masas” en el Parc de la Ciutadella. El partido al que voté no obtuvo representación parlamentaria. Tampoco concejales. Es más, siempre he pensado que la clase política de este país es, de media, lamentable. Lo es también el sistema de partidos, las listas cerradas, etc.

Creo que esta democracia se deslegitimó en el momento de aprobar leyes como la del aborto. Detecto, como todos, muchas disfunciones, casos de corrupción, decisiones tomadas por intereses inconfesables. Pienso que estos políticos son en buena parte responsables de la crisis. También los bancos. También las empresas. Y también nosotros. Todos, de un modo u otro, hemos contribuido.

Coincido con algunos analistas y comentaristas en el diagnóstico: no nos enfrentamos a una crisis puramente económica o política. No se puede resumir el problema señalando a algunos presuntos culpables y ocupando plazas. Es una crisis de valores, de principios, de virtudes. Porque si el político, el banquero, el empresario o el trabajador fuera honrado, sincero, recto, justo, generoso, altruista o solidario, por citar algunas, otro gallo cantaría.

Alguno puede pensar soy un ingenuo, imbécil, tonto de capirote o iluso. Lo siento por él. Cuando hablo del político y sus virtudes, me refiero al interés general por encima del particular y del partidista. A no poner la mano y recibir comisiones. A no amparar un sistema que les instale definitivamente en las estructuras del poder, por ejemplo.

Cuando me refiero al banquero o al empresario, pienso en la justicia laboral, en la gestión del banco o de la empresa como parte de una comunidad a la que han de servir y no de la que se han de servir, que vayan más allá de los intereses de sus accionistas, que piensen en el largo plazo y no sólo en su cuenta de resultados.

Y señalo al trabajador o al tipo corriente como alguien que también tiene obligaciones con su empresa, obligaciones de justicia. También con su familia y con su entorno. Que, como políticos, empresarios y banqueros, debe pensar en el bien general y no sólo en el propio.

Sí, he simplificado para no escribir un post kilométrico. Esta mañana se me han puesto los pelos como escarpias al ver las imágenes de los “indignados” y los parlamentarios. Ver a Joan Boada con la calva pintada de rojo no me ha hecho ninguna gracia, a pesar de que me parece que es un tipo completamente equivocado en la mayoría de sus planteamientos. O a Montserrat Tura. O a Ernest Maragall. O a López Tena. No digo que no se hayan ganado a pulso (especialmente en algunos casos) el desprestigio en el que ha caído la política, pero unos cientos de personas no pueden enmendar la plana a cientos de miles. Espero que alguien tenga la valentía y el coraje político de tomar las medidas necesarias para evitar nuevos incidentes.

Ojalá la crisis sirva para tomar nota de las imperfecciones del sistema político y económico que nos rige, para acabar con las estructuras y dinámicas siniestras que nos han conducido a ella y en las que todos hemos participado. Me temo, sin embargo, que lo más importante está por señalar y remediar: no es una crisis económica o política. Es una crisis de valores, de principios, de virtudes.

 

 

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Un Comentario

  1. Quing

    si en algun moment van tenir quelcom de legitimitat en les seves protestes, per a mi han perdut tota mena de credibilitat. estic fart d’aquests paràsits de la societat! Indignats ells? Quins nassos…

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