¿Dictaduras y derechos humanos? ¿De qué estamos hablando?

Una vez más, en el momento en que estallaron las revoluciones en Túnez, Egipto y Libia –por citar tres países que han cambiado o están cambiando de régimen político–, en los países “desarrollados” nos pareció vivir un momento histórico, similar a la caída del Muro de Berlín –salvando las distancias. Daba la impresión de que se estaba produciendo un efecto dominó que podía hacer caer de sus poltronas a unos cuantos dictadores.

Ansias de libertad, derechos humanos, regímenes feudales… Fueron algunas de las expresiones que se emplearon para definir a los que hasta entonces habían sido “amigos” de occidente. ¿No era Túnez un país tranquilo y amigo? ¿Y no se había redimido Gadafi de su pasado terrorista? ¿Y Mubarak? Una vez más, todos hemos sido, en mayor o en menos medida, cómplices. No se trata de mirar únicamente a quienes dirigen la política exterior, sino a todos los que le hemos reído las gracias a un payaso como el dictador libio, por ejemplo.

Por otro lado, no sé por qué razón nos las damos de salvadores del mundo, ejemplo de sociedades desarrolladas o democracias que garantizan los derechos humanos… En algunos aspectos sí, lo somos. En Europa votamos, opinamos, nadie va a la cárcel por decir lo que piensa. De acuerdo. Pero, ¿desde cuándo? Durante los noventa, vivimos la guerra de los Balcanes, con genocidios diversos incluidos. ¿Os suena Chechenia? ¿Y la II Guerra Mundial? ¿Y la I Guerra Mundial? ¿Y la Guerra Civil española? En definitiva, ¿cuántos años de paz ha disfrutado Europa en su historia reciente? ¿A qué viene, pues, esa sentido de superioridad cuando apenas hemos sabido gestionar nuestros asuntos hasta hace apenas diez años?

Querer convertirse en el espejo en el que se miren los demás exige coherencia. La legitimidad para convertirnos en referente de los países en vías de desarrollo se enraíza en sociedades con sistemas de valores sólidos y consecuente, y, lo siento por quien lo crea, en Europa o Estados Unidos, el “pack” de la democracia no lo es. Gadafi, Saddam Hussein, Mubarak o cualquier dictadorzuelo de los que quedan en el mundo es, posiblemente, tan respetuoso con los derechos humanos como lo somos en nuestros países, en los que, de entrada, condenamos a muerte a millones de no nacidos.

Alguien dirá: te has pasado de frenada, tío. Tal vez, pero es lo que pienso.

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Un Comentario

  1. Susana

    Estoy de acuerdo. Un día somos amigos inseparables y al día siguiente resulta que son unos tiranos sanguinarios. Hay mucha hipocresía. Todavía queda quien defiende a China. Un saludo.

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