Esto va mucho más en serio de lo que parece

Mientras escucho las noticias, desastrosas en el ámbito económico, recuerdo una conversación de ayer con un matrimonio amigo, padres de unos cuantos hijos y abuelos de unos cuantos nietos. Nos planteábamos si estamos ante un cambio histórico del que todos somos cómplices, de un modo u otro, y que plantea numerisísimas incógnitas sobre el futuro.

Yo, desde mi ignorancia, intuyo que el problema va más allá de lo económico. La crisis que sufrimos tiene que ver, también y sobre todo, con un hundimiento ético y moral de las sociedades occidentales. No, no me refugio en el pasado (basta examinar la historia para comprobar qué ha sucedido, por ejemplo, en el siglo pasado), pero sí que señalo algunos hechos que están pudriendo las raíces de nuestra sociedad.

¿A qué valores apelaremos cuando nos plantemos ante un banquero, un gobernante o ante cualquier persona que haya tenido una responsabilidad más directa en la crisis? ¿A qué valores? ¿A la justicia social? ¿A los problemas que puede generar un engaño en miles de familias? No sirve, porque estos valores teóricos no están interioridades por aquellos que en un momento determinado se encuentran ante la responsabilidad de gestionar intereses propios o ajenos.

No sirve tampoco señalar a los culpables. ¿Qué hubiéramos hecho si nos hubiéramos encontrado en su lugar? Conozco a gente, muy poca, por desgracia, que ha renunciado a una carrera profesional brillante por su posición a determinadas decisiones o funcionamientos habituales en empresas o administraciones públicas. Muchos otros, convencidos de la necesidad de justicia, han cedido.

Ejemplo: la construcción. Un sector en el que han cambiado de manos millones de euros en comisiones, dinero que ha cambiado a lo Groucho Marx los teóricos principios de tantos. “Es que si no entro en este juego, salgo del mercado”. Bien, en función de la firmeza de tus convicciones, entrarás o no.

Convicciones profundas, traducidas en acciones concretas y diarias. Si no se viven de modo habitual, apenas resisten los primeros embates, cediendo a la primera de cambio. No, no es teoría, lo hemos visto todos.

En los últimos años, nuestra sociedad ha cambiado radicalmente, incorporando “valores” y “derechos” mal llamados progresistas. Estos nuevos valores corroen y descomponen la conciencia de las personas, con un modelo antropológico que lleva, la historia la demuestra, a la destrucción de las estructuras sociales, a la decadencia y, finalmente, a la desaparición, total o parcial, de lo que parecían modelos invulnerables.

La subida del IVA, la prima de riesgo, el paro… No dejan de ser síntomas de una enfermedad que está consumiendo a occidente. Tal vez salgamos de esta, pero sin un cambio radical en los modelos que nos hemos dado, nos autodestruiremos. En este panorama desolador que acabo de plantear aparecen algunas luces de esperanza y esta crisis puede multiplicarlas. Sin tanta soberbia y falsa confianza en las propias posibilidades, todos nosotros estamos más capacitados para replantearnos muchas cosas.

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  1. Francisco Vila

    Suscribo lo escrito.

    Se decía que esto, lo del ladrillo, un día explotará, ya que se veía exagerado el volumen que adquiría, y entonces qué se hará con tanto emigrante que ha venido y se va a quedar sin trabajo….

    El gasto autonómico: había dinero para todo……y ya se ve donde estamos. Y ahora estamos bloqueados….

    Y así sucesivamente.

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