Los Diez Mandamientos: un nuevo episodio de lucidez de Pilar Rahola

Pilar Rahola cuenta con una larga carrera profesional que se ha movido en dos campos: el de la comunicación y la política. Brillante opinadora, se incorporó de la mano de Àngel Colom en ERC y fue un soplo de aire fresco en el Congreso de los Diputados, como única representante de su partido. Tiempo después, en ERC fagocitaron a Colom y este, acompañado de la propia Rahola fundaron el fracasado PI. Finalmente, regresó al ámbito de la comunicación, con Cuní y manteniendo la presencia en otros medios como opinadora polémica y mordaz.

Creo que con la edad, Rahola ha perdido su frescura original y forma parte del paisaje de opinadores habitual en Catalunya, del que raramente desaparece alguien y en que raramente aparecen voces nuevas, aunque todas cortadas con un mismo patrón ideológico.

Rahola, sin embargo, padece episodios de lucidez poco frecuentes entre sus compañeros de oficio. Sin venir a cuento, se descuelga, entre algunas tonterías salpicadas de cierta frivolidad, con razonamientos sólidos. Y el último episodio se produjo ayer en su columna de La Vanguardia, titulada Los Diez Mandamientos.

En ella, y partiendo de la presentación del documento Unas humanidades con futuro, cuyos autores reivindican (y cito a Rahola) “el papel de las humanidades en la formación académica , pero también moral de las personas y recuerdan que una cultura que pierde sus referentes pierde su identidad”.

Y añade: “(…) creo que es en los Diez Mandamientos donde empezó todo, ellos son la base que todavía nos permite mirarnos a la cara”. Y anima a leer la Biblia no solo con fines religiosos, sino para conocer la esencia de nuestros orígenes culturales y morales. “Pero sí creo absolutamente necesaria su lectura como texto referencial de nuestra civilización, el libro de los libros que, desde la perspectiva de la ética social, aún marca el camino. En este sentido, creo que el ultra laicismo de la pedagogía moderna ha hecho daño a la cultura humanística porque ha confundido las religiones con el conocimiento y en la confusión ha rechazado aquello que somos y de dónde venimos”.

Su reflexión se queda a medio camino. Es más, es superficial, porque, habitualmente, este tipo de reflexiones se llevan a cabo desde el relativismo y que, por tanto, quedan vacías de contenido.

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