Cataluña-España: ¿hay solución? (II): el sentimiento

Esto es, salvando las distancias, como ser del Barça o del Madrid: tiene una fortísima carga sentimental. Observar cómo personas razonables pierden pie y se exaltan hablando de este tema llama la atención. Gente que deja de hablarse. Comentarios viscerales. Alegrarse de que en España o Cataluña haya pasado tal o cual cosa negativa… Sentimientos al fin y al cabo.

No sé si lo he citado ya alguna vez, pero Henry Kissinger, antiguos secretario de Estado de Estados Unidos se refirió al dictador Noriega como “hijo de puta”. Y añadió: “pero es ‘nuestro’ hijo de puta”. Incluso los más acérrimos adversarios políticos de un lado y otro son capaces de unirse en torno a una causa enraizada en los sentimientos.

¿Por qué esa cierta condescendencia del PNV, por ejemplo, con los sectores abertzales o esta simpatía de algunos sectores nacionalistas catalanes hacia sus líderes, a los que recibíamos con alfombra roja cuando aparecían por aquí en momentos en los que apoyaban abiertamente a ETA? Recuerden que al mismo tiempo se boicoteaban actos de políticos no nacionalistas… Volvamos a Kissinger: ETA es una banda terrorista, pero son ‘nuestros’ terroristas. “Oye, dirá el Ilector, te ha desviado con lo de Euskadi”. Sí y no. Lo enlazo fácilmente con los argumentos de antiguos miembros de Terra Lliure justificando recientemente el atentado contra Jiménez Losantos o algunos actos violentos -eso sí, de aficionados- contra, por ejemplo, la instalación de una pantalla gigante en Terrassa para ver un partido de la selección española. A algunos les hace gracia este tipo de sucesos…

La pregunta del millón (y otro término que ha cuajado en Cataluña) es si existe nacionalismo español. Desde el punto de vista de un tipo de Zamora, no. Desde aquí lo vemos diferente. No dejamos de notar incomprensión hacia una realidad que, guste o no en España, tiene algo de diferencial. No me refiero al fet diferencial, más bien a que sí, existen diferencias entre los extremeños y los sorbíamos con los catalanes, empezando por la existencia de una lengua que no se inventó cuando murió Franco para tocar las narices.

En este sentido, a mí me han abroncado por hablar catalán en una conversación privada en la que el abroncador se sintió ofendido mientras pasaba por allí. O alguno que se sienta ofendido porque en un establecimiento en Barcelona le hablen, de entrada en catalán. Lo siento, pero nadie lleva una etiqueta en la frente indicando de dónde es. Son detalles. Detallitos. Pero hieren sentimientos, esos sentimientos a los que me refería. Esta falta de comprensión, que a veces se convierte abiertamente en desdén, molesta y mucho a quien siente como suya una lengua y una cultura diferente.

No olvidemos, por otra parte, la “España radial”. Desde la capital hacia todas partes. Ese centralismo absurdo que se justifica con razones de lo más peregrino, que se refleja, entre otras cosas, en el modelo aeroportuario, la construcción de autovías o de líneas de alta velocidad. Conceptualmente es un error, y muchos de estos proyectos y políticas se han llevado a cabo a partir de una cierta visión de España que, sí, podría llegar a denominarse nacionalista.

Regresamos a los sentimientos. Existe un enfrentamiento. Las pitadas al himno español, el desprecio al catalán, el concepto de països catalans que incluye, sin que se lo haya pedido nadie, a Valencia, contemplar a España como un pedazo de tierra cuyo ombligo en Madrid… Son acciones y reacciones sentimentales que abren heridas y separan. Y luchar para controlar un sentimiento requiere mucho esfuerzo, ya que, por definición, son irracionales.

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  1. Quing

    Viatjar, viatjar, viatjar… és el més saludable.
    Jo tinc poca oportunitat de fer-ho, però en canvi sí que puc parlar amb molta gent d’arreu del món. la “qüestió catalana” i, en general, els nostres problemes domèstics, són vistos -quan no amb indiferència- com una cosa ancorada al passat i certament exòtica.
    Però… forma part del nostre ésser pertànyer a una comunitat, identificar-nos-hi. Els qui ens veuen als nacionalistes espanyols o nacionalistes catalans com a folkòrics, ens miren amb suficiència… instal·lats en la seva còmoda identificació nacional. Vull dir, només les persones que conec que tenen al seu país un problema més o menys com el nostre es mostren sensibles al tema, i tenen opinió crítica. A la resta -la majoria- els és indiferent.
    Ara bé, on tothom coincideix, és en la reivindicació de la llibertat dels individus, en allò que hem convingut en denominar “dret a decidir”. Tothom ho té clar. Tothom de fora. De fora d’Espanya, vull dir.

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