Cataluña-España: ¿hay solución? (IV): la educación

“¿Y tú por qué no participas más en clase?”, le preguntó un profesor universitario a uno de sus alumnos. “No me atrevo. No hablo con suficiente fluidez en castellano”, contestó el interpelado. No era irlandés, ni chino, ni australiano. Era catalán. Claro que, después de esta anécdota que me explicó de primera mano el profesor, alguno pensará: “claro, la inmersión“. Pues no. O sí. Lo que está claro es que no todo es blanco o negro.

Una de las preocupaciones del gobierno tripartito, con la bisoñez política de quien nunca ha mandado, fue intentar controlar en qué idioma hablaba la gente en los patios o en las consultas médicas. Lo intentaron. Porque aquí, en el patio de un colegio, en el grupo de amigos, se cuece el tema.

Para quien no lo sepa, en Catalunya –y supongo que otros sitios con dos lenguas– se conoce a la gente en un idioma y después resulta extremadamente difícil cambiar. Sí, lo es. Por eso, si se consigue que en un grupo de chavales se hable en catalán, batalla ganada. Y si no, perdida. La clave está en la calle, en las familias, en el tú a tú.

Por supuesto, sin un apoyo como el sistema de inmersión es imposible llevar a cabo este proyecto de recuperación del catalán como lengua primaria en Cataluña. Sin embargo, así como la anécdota inicial puede afectar a un segmento relativamente significativo de la población, el fenómeno opuesto también. Es más, lo supera. Hay gente que no sabe nada de catalán. Nivel: 0 patatero. Ni lo han estudiado, ni lo hablan, únicamente lo entienden. Mal.

También está el caso de quien viene a trabajar a Cataluña desde otra parte de España y se topa con que a su hijo le educan en catalán. Puedo entender su bloqueo mental, pues dos horas de castellano a la semana son ridículas, aunque existe bastante flexibilidad de facto en esta cuestión y solo los talibanes de la inmersión lo aplican –tengo entendido, si no es así, que me lo digan– a rajatabla.

Y aquí pido flexibilidad a los que no son capaces de entender que, para mucha gente –¿la mitad de la población actual o algo más de Cataluña?– su lengua materna es el catalán. Por tanto, es lógico que quieran conocerlo a fondo, usarlo en el colegio y que se les atienda si es posible en catalán cuando van de compras, al juzgado, al cine…

La batalla de la lengua se gana y se pierde en la calle y en las aulas. La de la historia, en las aulas. Yo viví el cambio de sistema. comencé la EGB en 1979 y recuerdo la evolución: progresivamente, más materias en catalán y más contenidos “sospechosamente” modificados en materias como historia o sociales.

Un matiz aquí, otro allá y, de repente, dejas de tener Corona de Aragón para pasar a tener Confederación Catalano-Aragonesa. Toma ya. Existen centenares de ejemplos, que culminan con el enfoque que se ofrece sobre la Guerra de Sucesión, el famoso 1714 y todo lo que sucedió en torno a esa fecha.

Ya se sabe: la historia la escriben los vencedores. Y Catalunya perdió, ergo… Ha habido que reescribir la historia con cierta inventiva, de modo que, el prototipo de elemento que se gradúa en una universidad catalana ha pasado unos cuantos años de su vida sometido al bombardeo lingüístico-histórico-ideológico que le hace ver la vida y su posición en el mundo de un modo muy similar.

Salvando las distancias, si hubiéramos implantado Educación para la Ciudadanía hace 30 años, nuestra sociedad, bastante atontada ya, rozaría la idiotez colectiva. Trasladando el ejemplo, para mucha gente de veintipico, la historia que han aprendido es una, la que se reescribió y que, de un modo u otro, marca una separación de España basada en hechos dudosos.

Los medios de comunicación “oficialistas” también se han encargado de recordar estos hechos históricos (de hecho, lo están haciendo este año), de modo que aquí, en Cataluña, los que no somos del rebaño debemos buscar información fiable, muchas veces también lejos de los medios “nacionales” que se imprimen o emiten desde la capital. En fin, què hi farem!

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Un Comentario

  1. Quing

    100% d’acord amb aquest post, Txus!
    Ara, al capdavall, si hem de parlar tajt d’això és perquè… tenim un problema -inventat o ‘natural’. Ho constato.
    Però, tenim remei? Encara no tiro la tovallola, però…

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