Cataluña-España: ¿hay solución? (V): los políticos

Que yo creo que son el gran problema. Lo son y lo han sido. No sólo en este tema. Tomar decisiones a golpe de encuesta es un error. Dejar en sus manos el control del poder judicial, otro. Estamos en falso. El sistema no sirve. Se ha demostrado a lo largo de los últimos años.

Ni el sistema electoral, ni la elección de presidente, ni el uso de los medios de comunicación públicos (por ejemplo), ni la existencia de 17 autonomías, ni… Además de que, en esencia, una persona que ha alcanzado la dirección de un partido ha tenido que adular a tanta gente y apuñalar a tantos otros que, lo siento, no puede ser de fiar.

Estamos instalados en la mentira, todos nos han mentido y, lo peor, nos hemos acostumbrado. Las estructuras de los partidos están podridas, su financiación es opaca y en el momento en que tocan poder caen en los mismos vicios que criticaban cuando estaban en la oposición. Sin excepciones.

En la cuestión que nos ocupa, siempre he echado en falta altura política de los gobernantes que han estado al frente de los ejecutivos de Barcelona y Madrid. Grandeza. Magnanimidad. Capacidad de pensar en el largo plazo. Y sobre todo, una incapacidad manifiesta de pensar en las personas y no en su continuidad como gobernantes. Suárez, Calvo Sotelo (el breve) González, Aznar, Zapatero y Rajoy; Tarradellas, Pujol, Maragall, Montilla y Mas. Ninguno se salva.

Los primeros por no querer comprender el problema que se avecinaba y únicamente guardar las formas cuando han necesitado los escaños de CiU. Los segundos por trabajar durante años en preparar el momento actual y lanzar un órdago en un momento especialmente delicado económicamente y socialmente hablando.

Vamos a por lo que tenemos. En Madrid, a Rajoy. Gallego. No se enfrenta a los problemas, los deja dormir. Así ha actuado de modo habitual y lo está haciendo, por ejemplo, con el caso Bárcenas. Está esperando a que llegue la recuperación económica para intentar que nos olvidemos de esos “pecadillos de juventud”. Ha incumplido su programa electoral y en su haber cuenta con algunas reformas económicas vitales para encaminar a España hacia el crecimiento. Hasta aquí.

Lo más imaginativo que proponen es levantar la constitución y agitarla…

Mas. Político menguante. Ha tenido mala suerte en su trayectoria como sucesor de Pujol, con dos tripartitos nefastos que retrasaron su ascenso al poder. Una vez en la presidencia, supo acometer medidas impopulares, como los recortes sociales, indispensables: no había dinero y sí una deuda descomunal. Le ha tocado bailar con la más fea, quizá por eso, en los momentos políticamente importantes, estaba exhausto para pensar y acertar. Desde la manifestación del 11 de septiembre de 2012, no da pie con bola. Además, en algunos momentos hace el ridículo con posturas que rozan la mala educación.

El PSOE está muerto, su partido hermano en Cataluña peor que muerto y el bipartidismo en crisis. El único que gana es Esquerra. Oposición y soporte del gobierno catalán. Sólo hay ganancias. En las encuestas ya domina el panorama electoral y eso sin hacer nada, a pesar de que Mas los ha intentado embarcar en el gobierno para que participaran en el desgaste. Duran Lleida, a su bola. Con su capacidad de equilibrista, se escoró hacia posturas independentistas en campaña y parece que ha vuelto al centro.

Podríamos continuar, pero la sensación que cunde es que nadie está a la altura de la circunstancias y mucha gente está hasta el gorro de oír día sí día también peleas de patio de colegio. Claro que, mirándolo bien, son los que les han votado…

Da la impresión de que muchas personas están ya por una solución pactada, por una negociación abierta y una solución que evite la ruptura. La reciente aparición de la llamada tercera vía así lo demuestra. En los extremos, eso sí, se mantiene la llama encendida.

La gente está por llegar a fin de mes de la manera que sea y olvidar cuanto antes la pesadilla de la crisis, que, a pesar del micro-optimismo que se advierte entre los expertos, todavía dejará cadáveres en el camino. La gente quiere vivir tranquila, comer caliente y me parece que se está empezando a dar cuenta de que estamos perdiendo tiempo con este debate.

Para el bien de todos, creo que es importante acometer una reforma a fondo del estado que acabe con el modelo autonómico y ponga un poco de sentido común, revisar la sostenibilidad de estado de bienestar, reformar la administración pública, etc. Pero creo que no hay nadie capaz de coger el toro por los cuernos y hacer lo que se debe hacer.

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