Las sociedades no cambian porque sí: en El País hoy toca eutanasia

Hoy la edición digital de El País pública una de sus habituales píldoras ideológicas, en este caso, en favor de la eutanasia: la historia de José Luis Sagüés, profesor universitario, enfermo terminal, que decidió poner fin a su vida en un momento concreto, con la ayuda, cómo no, de DMD, que se ha apropiado la expresión derecho a morir dignamente.

Carga ideológica de profundidad

Se trata de un reportaje-entrevista a un tipo culto, que se declara “ateo, republicano y comunista”, sembrada de los elementos necesarios para captar la atención del lector, conmoverlo y deslizar, más o menos sutilmente, la idea de que es necesario legalizar la eutanasia.

Comienza con un buen titular: “Quiero morir porque amo la vida”. En el perfil descrito por el redactor, se destaca que era profesor de Filología Alemana en la universidad, progresista, que ha controlado su vida y quiere hacerlo hasta el final, antes de llegar a consumirse hasta perder “el control”.

Cito textualmente:

“Me quiero morir porque amo la vida, porque estoy contento de estar vivo, y si a uno le encanta la vida tiene que saber morir, es parte del proceso. Y yo quiero hacerlo contento. No estoy desesperado, no tengo miedo. Se vive mucho mejor sin miedo. Pero ahora solo aguanto, no me extingo, porque me queda algo de fuerza biológica. Y no tiene sentido esperar a que esta desaparezca. No quiero llegar a esa situación. Bastante consumido estoy ya. No quiero que me ofusquen la morfina, ni [el obispo] Rouco Varela ni los paliativos”

El artículo está sembrado de citas de filósofos, de personajes conocidos, de apelación a los sentimientos y, cómo no, de críticas soterradas hacia el actual sistema de cuidados paliativos y un par de recados para los que se oponen a la legalización de la eutanasia (bastante tosca y pasada de vueltas la referencia a Rouco, pero les funciona).

Lluvia fina que va calando

Para el lector acrítico, se presenta la historia de una injusticia del sistema con una persona que sufre, la aparición de la DMD como agente salvador y la alegría del encuentro, que permitirá al protagonista morir dignamente. ¡Qué “bonito”!, se puede llegar a pensar. “Pobrecico, menos mal que se ha ido como ha querido y en paz”, se puede concluir…

Las ideas se van filtrando en la sociedad y no de un día para otro. Hoy, El País pública la dosis de morfina ideológica que atonta a las conciencias preparándolas para aceptar ideas que, como la lluvia fina que empapa la tierra, van calando en la sociedad.

Respeto profundamente al protagonista de esta historia, me uno al dolor de su familia, lo que no impide la crítica a un medio y a un grupo de comunicación, PRISA, que lleva años difundiendo de manera calculada determinadas ideas que han contribuido a cambiar, en mi opinión para mal, la sociedad.

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