Lo que nos deja Tito Vilanova

La noticia saltaba el viernes por la tarde: Tito Vilanova había fallecido. Como suele suceder con casi todos los personajes públicos, la muerte de una persona joven produce un gran impacto en la sociedad. En el caso de Tito Vilanova, la sensación de bonhomía y profesionalidad que transmitía ha amplificado el efecto.

Se ha dicho todo: cosas sensatas, cursiladas, declaraciones marcadas por el sentimiento a flor de piel… que han llenado páginas de papel y pantallas. Yo, sin embargo, me he fijado en un detalle: la ceremonia religiosa que se celebró en la Catedral de Barcelona.

Por lo visto, Tito Vilanova era creyente e imagino que él mismo dispuso que su funeral fuera católico. Me alegró saberlo. Después de tantas “ceremonias de despedida” de famosos, la mayoría laicas, de funerales-homenaje en los que cualquier referencia a lo trascendente queda anulada, alguien ha decidido recordarnos que hay millones de personas que ven en la vida algo más que unos años para vivir a tope y morir para pasar a ser un simple recuerdo en el corazón y la mente de sus conocidos.

Lo importante en realidad para Tito Vilanova no debía ser únicamente pasar a la historia como el entrenador de la liga de los 100 puntos. Lo importante para esta persona debió ser, imagino, dejar todo atado para su familia y asegurar su propio futuro después de la muerte. Esta es la esperanza de los creyentes, lo que da sentido a la vida. Lo demás se queda aquí.

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