Pablo Iglesias y Podemos: un toque de atención

Voy tarde con este tema, pero he querido documentarme y ver algunos vídeos de Pablo Iglesias antes de opinar. Creo que ahora puedo hacerlo con cierto conocimiento de causa.

Vaya por delante que considero que el sistema de partidos actual debe cambiar cuanto antes (aunque es utópico porque son los propios partidos quienes tienen que impulsar el cambio) y que el grado de degradación y corrupción es intolerable.

Dicho esto, al grano. Podemos ha aprovechado las plataformas que el propio sistema que quiere cambiar le ha proporcionado. Es una estrategia que demuestra inteligencia política.

Su líder, Pablo Iglesias, lleva tiempo participando en tertulias políticas y enfrentándose en los platós con representantes de lo que él denomina “la casta”. Le gusta la cámara. Trae la lección aprendida, dedica tiempo a prepararse y rebate hábilmente a sus adversarios ideológicos con datos concretos. Puntos a favor.

Aparenta cordialidad, pero es duro, muy duro, en sus ataques a los, partidos, los gestores públicos, la banca, etc. No interrumpe ni pierde los estribos, aunque él provoca que otros los pierdan.

Ver a un tipo joven, con apariencia y currículum “progre”, sin aparentes intereses políticos y económicos, que vive de una nómina y se enfrenta a los políticos y periodistas de siempre, con sus camisas y corbatas, con sus ataduras y su pasado, es un soplo de aire fresco para muchos, aunque caiga constantemente en tópicos, porque lo hace con datos que usa según le convenga.

Esta crisis ha sido (y no está claro que estemos saliendo o de qué manera lo estamos haciendo) devastadora. El ciudadano ha despertado y ya no está dispuesto a continuar tragando. Es un buen momento para este tipo de fenómenos.

Tiene razón en muchas de sus denuncias y no se muerde la lengua. Otra cosa es que sus propuestas, sus remedios, su fórmula mágica, sean válidos. No lo son. ¿Corrupción política? De acuerdo. ¿Intereses económicos y un sistema que favorece la especulación, a las grandes fortunas…? De acuerdo. Pero poco más.

¿Vale la pena recordar su programa electoral? No. Es una broma, inaplicable sin renunciar a muchas libertades y derechos sociales que él dice defender. Demagogo y populista.

Este chico es bueno, muy bueno, en el papel que ha interpretado: representante de los sin voz, de los desahuciados, de los chicos del 15 M, etc., pero está hueco, tan hueco como lo están los partidos tradicionales de valores y principios concretos, reales y aplicables.

En mi opinión, es un toque de atención importante. Harán mal quienes lo ignoren o lo infravaloren. Ahora bien, que Pablo Iglesias o Podemos vayan a aportar algo más que denuncia y propuestas vacías, no.

Para arreglar esto, es necesaria una regeneración ética (y la ética es, principalmente, personal) que ni Podemos ni el PP ni el PSOE ni… está en condiciones de afrontar. Necesitan algo más.

Por cierto, por lo que he tenido oportunidad de ver estos días, el género de la tertulia política ha evolucionado hacia algo parecido al marujeo (con perdón) de los peores programas rosas. ¡Qué asco de tele!

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