El banco, como el confesionario: las preferentes

Me comentaba un experto en economía y ética: “Te lo dice algún empleado de banca: mi despacho es como un confesionario“. Y es que por ahí pasa gente de todos los pelajes: jóvenes, mayores, más o menos acomodados, gente con y sin formación… Venía a cuento de una conversación sobre la responsabilidad de los bancos en la crisis, de las chapuzas y errores cometidos, de la frivolidad y falta de profesionalidad con la que se han gestionado, las preferentes… Pero me quedé con lo del empleado…

A nadie se le escapa que en muchas empresas un trabajador puede verse “forzado” a actuar de manera poco ética. A un contable le suelta su jefe: “esto, que no salga” o “hincha el inventario”… A un ejecutivo de cuentas: “te inventas una milonga y que se la traguen”. A un director de recursos humanos o de departamento: “a este le jorobas todo lo que puedas hasta que se largue él solo sin que nos cueste un duro. O a un empleado de banca: “chicos, nos dicen que hay que colocar preferentes”.

Es decir, que la propia estructura de la empresa puede obligar a actuar de forma no honrada. ¿Qué hacer? ¿Jugarse el puesto de trabajo? ¿Jugar a hacer equilibrios? ¿Jugar a héroes y enfrentarse a la dirección? No resulta sencillo y especialmente durante estos años de crisis, pero hay que trazar una línea e intentar no cruzarla. El “por aquí no paso”, el “hasta aquí puedo llegar y ni un milímetro más” deben existir, hemos de tenerlos pensados y ser coherentes.

Creo que lo he dicho alguna vez, pero en esta vida tarde o temprano se descubre que no todo es de color rosa y que te van a llover bofetadas, incluso a aquellos que aparentan tener una vida “perfecta” (aparentan, he dicho). Nadie se escapa. Dado que esto es así, lo peor que se puede hacer, en mi opinión es complicársela más por querer mantener un puesto de trabajo, un prestigio, un buen sueldo o una posición social jodiendo, con perdón, al prójimo.

De aquí no paso. Y no pasas. Sucederá lo que tenga que suceder, pero tendrás la conciencia tranquila y no necesitarás narcotizarla por haber vendido la moto a un par de viejos que quieren hacer rendir sus ahorrillos. Por eso, con las preferentes, muchos tendrían que pasar por el confesionario de verdad, desde el ejecutivo que da la orden al ejecutor que las coloca.

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