Kennedy y Kruschev, ¿Rajoy y Mas?

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Washington, 22 de 1962. Kennedy destapa lo que días antes un avión U-2 había fotografiado en uno de sus vuelos sobre Cuba: instalaciones de misiles soviéticos capaces de alcanzar territorio norteamericano. La crisis de los misiles se hace pública y el presidente Kennedy se apresura tomar medidas. El pulso con la Unión Soviética de Nikita Kruschev ha comenzado.

Llevada al cine magistralmente en la película 13 días, este episodio muestra cómo dos líderes fueron capaces de resolver un conflicto que hubiera podido escapar de su control y desencadenar una guerra nuclear.

Kennedy impuso el embargo y alejó a los barcos sovieticos que navegaban hacia la isla caribeña. Gesto externo. Al mismo tiempo, soportaba las presiones de los mandos del ejército, que proponían intervenir y destruir los misiles. Presión interna.

Es un momento crucial de la Guerra fría. Su contraparte, Nikita Kruschev, también debió enfrentarse a presiones en la URSS. Se produjeron algunos momentos de alta tensión que la política de gestos hacia el interior y hacia el exterior fueron superando.

Finalmente, después de intentar enviar a través de diversos mediadores mensajes al líder soviético, Bob Kennedy ofrece un acuerdo secreto: la retirada de los misiles de Cuba a cambio del desmantelamiento de las instalaciones de Estados Unidos en Turquía seis meses después, alegando que los misiles estaban obsoletos. Cualquier publicidad sobre el acuerdo lo invalidaría.

Un resumen apresurado de la crisis, sin duda, pero suficiente para mostrar que la comunicación se puede mantener a varios niveles y enviar mensajes a públicos muy diversos: a la opinión pública, al adversario político, a la resistencia interior, al propio equipo. Es un juego de equilibrios en el que se pone en juego el futuro de un país, el propio liderazgo y la posición de otros actores políticos.

¿Y si…?

Después de superar el 9N y tras unos días de profunda preocupación, creo que vale la pena contemplar la posibilidad de que en el pulso entre Cataluña y España el escenario –salvando todas las distancias– sea similar.

La soledad que hemos sentido quienes nos queremos la independencia pero sí gestos concretos de Rajoy hacia Cataluña es evidente. La pasividad del Gobierno, desoladora. Hemos contemplado atónitos cómo se celebraba, con el apoyo directo del Govern, una consulta prohibida por el Tribunal Constitucional. Hemos visto a Mas señalarse a sí mismo como responsable de la consulta. Que me vengan a buscar a mí. Incluso se permitió bromear con la posibilidad de ser detenido. Hemos observado cómo la fiscalía amagaba, pero sin consecuencias. Y hemos constatado cómo el presidente de la Generalitat se ha erigido en el protagonista único del proceso en un momento en el que Junqueras lo superaba en las encuestas.

Resumiendo: Mas sale reforzado tras su desafío al Gobierno y al TC. Rajoy reacciona una vez más con la respuesta de siempre. Y suma y sigue: el “proceso” continúa, pero con un matiz: el president recupera el liderazgo y ERC se queda en fuera de juego. Junqueras, que mostró su flanco débil lloriqueando en los medios, ha demostrado su falta de consistencia política.

Se acercan las municipales, los casos de corrupción salpican de modo brutal al PP de Rajoy, Cataluña es un polvorín. Rajoy no es idiota y sabe que ceder públicamente ante Mas le complicaría mucho la vida en su partido, y podría haber apostado por Mas como interlocutor para conducir la crisis catalana.

Mas estaba desahuciado y ERC, desde su cómodo sofá de oposición y apoyo al Govern, estaba erosionando el liderazgo de Mas. Dos líderes con problemas que amenazaban su supervivencia política –porque de eso se trata, que nadie se lleve a engaño.

Dos veteranos de la partitocracia capaces de entenderse en el nivel de comunicación correspondiente. De cara a sus respectivos públicos, escenifican la ruptura, el enfrentamiento y salvan sus sillones. Rajoy evita que Junqueras gane peso –político– y permite que Mas mantenga el control, algún imprescindible si se quiere llega a algún acuerdo, porque con ERC, emocional y radical, resultaría imposible.

Llegados a este punto, hablan y acuerdan lo que sucederá el 9N. Y a ver qué pasa. En un primer momento, me pareció que una ingenuidad imaginar que se estuviera dando esta situación, pero he visto que determinados periodistas también contemplan esta posibilidad.

Si fuera real, Rajoy y Mas demostrarían una gran capacidad táctica y cierta altura de miras, aunque no les convertiría en estadistas, entre otras cosas, porque estamos hablando de ello –la discreción es elemental. No podemos pretender hacer una buena película sobre la crisis catalana con Rajoy y Mas de protagonistas y Muriel Casals o Junqueras de secundarios.

Por cierto, una hipótesis bastante difundida en Estados Unidos resta mérito al,papel de Kennedy en la crisis de los misiles. Algunos autores afirman que lo que se desplegó en Cuba era de cartón-piedra, porque Kruschev provocó el conflicto para forzar a los americanos a retirar los misiles de Turquía. Qué poco sabemos.

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