Coge de una vez tu pedacito de mundo

Han pasado meses desde que publiqué mi último post. De hecho, no recuerdo de qué hablaba. Y he dejado de escribir por cansancio. Estoy agotado de escuchar, oír, hablar de asuntos de escasa relevancia.

Hace unas semanas, un periodista bastante ponderado –es una opinión– publicaba un artículo en el que llamaba la atención sobre lo que sucede más allá de nuestras fronteras, no solo geográficas, también las que nos limitan la capacidad de pensar más allá de lo que sucede en nuestro ámbito más cercano o –como siempre se ha dicho– de ver la realidad a través de un canuto.

¿Sabéis? La batallita entre España y Cataluña me ha empezado a dar igual. El fútbol también. Me importa un pepino. Como los toros de no-sé-dónde o si Apple ha sacado un nuevo iPhone que es la leche. ¿Qué importancia tiene todo esto? Muy relativa. Si contáramos con un medidor de relevancia, el procés, la liga, la defensa de la paloma cornuda o el Barça-Madrid estarían muy abajo.

Veamos: ¿qué es realmente importante? Los conflictos armados que se llevan decenas de vidas humanas. Los desastres naturales que provocan miles de muertos, la situación de pobreza en la que viven cientos de millones de personas, la descomposición ética de las sociedades occidentales, las crisis de muchas familias, los millones de abortos que se producen cada año en el mundo. ¿Y qué responsabilidad tenemos en cada una de estas “cosas importantes”? Depende.

Un ejemplo. El que provocó una guerra como la de Irak, iniciada en 2003 y cuyas consecuencias estamos viendo doce años después, tendrá que responder. También quien la apoyó. Pero ni tú ni yo tuvimos nada que decidir en ese asunto, tal vez unos gritos en la calle y punto.

Nuestra responsabilidad se localiza en nuestro ámbito de influencia más cercano. No se puede comer una ballena de un bocado, hay que trocearla. Coge tu trocito de ballena, yo cogeré el mío, y desde nuestro sitio ayudaremos a cambiar el mundo. Tal vez no lo veamos, pero ¿por qué no soñar con ayudar a solucionar las “cosas importantes” en lugar de vivir obsesionados con las “cosas accidentales”? Sal de tu mundo y mira el mundo de los demás. Echa un euro en la cesta de un pobre, escucha a un anciano, sonríe al vecino, saluda a la gente… Sueña. El mundo es nuestro y a cada uno le toca un pedacito. Anda, coge el tuyo y a soñar, que estamos de paso y no hay tiempo que perder en tonterías.

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