Categoría: Bioética

¿Qué es morir con dignidad? ¿Decidir cuándo y cómo? No

Brittany Maynard quiere decidir cuándo morir. Hace unos meses, los médicos descubrieron que un tumor cerebral incurable acabaría con su vida en unos meses. Y se ha trasladado a Oregon para poder decidir cuándo y cómo dejar este mundo. El caso de esta joven de 29 años está reabriendo el debate sobre la eutanasia en Estados Unidos y esta noche (horario estadounidense) explicará en una cadena de televisión por qué.

La verdad es que Brittany ya ha adelantado algunas de las razones en un vídeo disponible en YouTube. No quiere que el cáncer la destruya. En definitiva, si no me equivoco, no quiere perder “la dignidad” y cree tener el derecho de decidir cuándo poner punto y final a su vida.

El vídeo concluye con un texto que pretende ser demoledor:

“At present, Only 5 U.S. states allow terminally ill patients the right to die with dignity”

No, amigos, no. No forcéis la máquina. Quizá os habéis pasado un poco con lo de “morir con dignidad”. Comprendiendo todo lo que soy capaz de comprender su situación (de hecho, me conmueve profundamente), creo que puedo hablar con cierto conocimiento de causa sobre estos casos y sobre lo que significa realmente morir con dignidad, aunque sea algo distinto a lo que ella y sus parientes plantean. Como estrategia de comunicación está perfectamente pensada y, probablemente, su caso no hubiera saltado a la palestra sin ayuda de los defensores de la eutanasia, con todo mi respeto y compasión hacia esta joven.

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¿Y por qué no matar del ya nacido?

Publica hoy Aciprensa la noticia de que un par de “científicos” plantean en un journal la validez del infanticidio para casos en los que, por ejemplo, no se haya detectado una miusvalía antes del nacimiento. Según plantea el artículo, la dignidad del feto y la de un niño recién nacido son equiparables, por lo que, resumiendo, es aceptable.

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Reforma de la Ley del Aborto: ¿sólo un guiño?

El ministro de Justicia anunció ayer su intención de reformar de nuevo la Ley del Aborto para regresar a la situación anterior a la reforma llevada a cabo por la ministra Aído. Bien, es un pasito, pero sólo eso: si nos basamos en la anterior ley basada en la doctrina del Tribunal Constitucional, caeremos de nuevo en una legislación coladero que incrementó el número de abortos hasta superar con creces los 100.000 al año.

Por esta razón, me pregunto si el PP se va a limitar a este guiño a un sector de su electorado o va a actuar de modo activo en favor de la vida. Mucho me temo que se trata de un guiño.

En cuanto al PSOE, la reacción es previsible. Sin sorpresas. Recorte de los derechos de las mujeres. Perfecto. Lo que no sé es si en ese partido hay alguien dispuesto a defender la vida o no, sé de alguno, pero convendría que diera la cara con más frecuencia.

Hablando de derechos de las mujeres, planteo con un punto de demagogia una cuestión: ¿dónde quedan los derechos de las mujeres que no nacen porque sus madres deciden abortar?

Sucedió en menos de una semana

No me atreví a publicarlo en su día, pero, pasados unos meses, me lanzo. Todo sucedió tal como lo cuento, en pocos días.

Domingo. Unos conocidos van al entierro de una niña de pocos años que ha fallecido como consecuencia de una enfermedad degenerativa. Los padres, me explican, la han cuidado con todo el cariño y amor del mundo hasta el último día.

Martes. Fallece el hijo de otro conocido, a los pocos días de nacer. Golpe terrible para los padres, que habían esperado con toda la ilusión del mundo el nacimiento del niño.

Miércoles. Operación a otro bebé de pocos días. Le arreglan el corazón, que venía con problemas. Éxito. Pronóstico excelente y pendientes de la recuperación.

Viernes. Ha nacido otro niño, completamente sano. Probablemente no tendrá más problemas que los propios de un niño: que si fiebre, una otitis, anginas… Nada más.

Cuatro casos, cuatro, en pocos días. Algunos muy cercanos. Y habrá quien se pregunte quién reparte la suerte en este mundo, para que a unos les toque la lotería y a otros no. En una semana, lágrimas de pena y de alegría… Y qué pena, siendo cada vida este milagro tan grande, que tantos y tantas se dediquen a jugar con ella.