Categoría: Economía

El banco, como el confesionario: las preferentes

Me comentaba un experto en economía y ética: “Te lo dice algún empleado de banca: mi despacho es como un confesionario“. Y es que por ahí pasa gente de todos los pelajes: jóvenes, mayores, más o menos acomodados, gente con y sin formación… Venía a cuento de una conversación sobre la responsabilidad de los bancos en la crisis, de las chapuzas y errores cometidos, de la frivolidad y falta de profesionalidad con la que se han gestionado, las preferentes… Pero me quedé con lo del empleado…

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Estado del bienestar: un problema que se ha adelantado

Hace años ya se planteaba que, con las tasas de natalidad recientes, mantener el estado de bienestar se iba a convertir en un problema a medio plazo. Bien, aunque sea por otras causas, el problema lo tenemos ya aquí.

Ha sido la crisis la que ha traído los recortes en algunas de las prestaciones que considerábamos hasta hace poco intocables, derechos a los que no podíamos renunciar y a los que nos han hecho renunciar debido a que no hay dinero para mantenerlos. Sigue leyendo

Esto va mucho más en serio de lo que parece

Mientras escucho las noticias, desastrosas en el ámbito económico, recuerdo una conversación de ayer con un matrimonio amigo, padres de unos cuantos hijos y abuelos de unos cuantos nietos. Nos planteábamos si estamos ante un cambio histórico del que todos somos cómplices, de un modo u otro, y que plantea numerisísimas incógnitas sobre el futuro.

Yo, desde mi ignorancia, intuyo que el problema va más allá de lo económico. La crisis que sufrimos tiene que ver, también y sobre todo, con un hundimiento ético y moral de las sociedades occidentales. No, no me refugio en el pasado (basta examinar la historia para comprobar qué ha sucedido, por ejemplo, en el siglo pasado), pero sí que señalo algunos hechos que están pudriendo las raíces de nuestra sociedad.

¿A qué valores apelaremos cuando nos plantemos ante un banquero, un gobernante o ante cualquier persona que haya tenido una responsabilidad más directa en la crisis? ¿A qué valores? ¿A la justicia social? ¿A los problemas que puede generar un engaño en miles de familias? No sirve, porque estos valores teóricos no están interioridades por aquellos que en un momento determinado se encuentran ante la responsabilidad de gestionar intereses propios o ajenos.

No sirve tampoco señalar a los culpables. ¿Qué hubiéramos hecho si nos hubiéramos encontrado en su lugar? Conozco a gente, muy poca, por desgracia, que ha renunciado a una carrera profesional brillante por su posición a determinadas decisiones o funcionamientos habituales en empresas o administraciones públicas. Muchos otros, convencidos de la necesidad de justicia, han cedido.

Ejemplo: la construcción. Un sector en el que han cambiado de manos millones de euros en comisiones, dinero que ha cambiado a lo Groucho Marx los teóricos principios de tantos. “Es que si no entro en este juego, salgo del mercado”. Bien, en función de la firmeza de tus convicciones, entrarás o no.

Convicciones profundas, traducidas en acciones concretas y diarias. Si no se viven de modo habitual, apenas resisten los primeros embates, cediendo a la primera de cambio. No, no es teoría, lo hemos visto todos.

En los últimos años, nuestra sociedad ha cambiado radicalmente, incorporando “valores” y “derechos” mal llamados progresistas. Estos nuevos valores corroen y descomponen la conciencia de las personas, con un modelo antropológico que lleva, la historia la demuestra, a la destrucción de las estructuras sociales, a la decadencia y, finalmente, a la desaparición, total o parcial, de lo que parecían modelos invulnerables.

La subida del IVA, la prima de riesgo, el paro… No dejan de ser síntomas de una enfermedad que está consumiendo a occidente. Tal vez salgamos de esta, pero sin un cambio radical en los modelos que nos hemos dado, nos autodestruiremos. En este panorama desolador que acabo de plantear aparecen algunas luces de esperanza y esta crisis puede multiplicarlas. Sin tanta soberbia y falsa confianza en las propias posibilidades, todos nosotros estamos más capacitados para replantearnos muchas cosas.

¨Las gafas, que las ponga el amo¨

¿Quién no ha oído hablar de la reforma laboral? Parece ser que es necesaria para salir de la crisis. Los expertos la consideran vital. ¿Qué significará para los trabajadores? No lo sé, pero el otro día me explicaban la historia de un trabajador de aquellos que una empresa pequeña no podía quitarse de encima ni con agua caliente porque no estaba en condiciones de pagar la indemnización.

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Hasta el más tonto hace relojes

Uno de los síntomas de la enfermedad que nos aqueja es comprobar cómo nos hemos convertido en una sociedad sobornable. Incluso los indignados están socialmente sobornados. Aquí, en nuestro país, por ejemplo, no han recibido el apoyo que cabría esperar para una causa justa (aunque no pocas causas justas son ninguneadas por los medios y por buena parte de la sociedad).

Hace apenas cuatro años, en plena burbuja inmobiliaria, continuábamos comprando pisos a precio de oro y no recuerdo acampadas en las principales plazas de las grandes ciudades. Denuncias hubo, pero a otro nivel. Conclusión: mientras vaya bien, a tragar. Punto.

Hace unos días se lanzó el nuevo modelo de iPhone. Apenas unas horas después, moría Steve Jobs. La reacción ante la muerte de este genio de la tecnología fue, en mi opinión, desproporcionada. La gente se muere. Y Jobs, aunque nos pese, murió también, como cualquiera, a pesar de sus miles de millones de dólares.

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