Categoría: Ingeniería social

Por qué no hablamos de los grandes problemas

Un periodista publicó hace unos meses un artículo en que animaba a levantar la vista para contemplar lo que sucedía en el  mundo, más allá de los problemas locales. Fue muy criticado, me comentó. Y comprendo por qué. Con el morro pegado al terruño, no se ve más que la realidad inmediata. No basta tampoco con los medios de comunicación, en el que la inmediatez, las noticias importantes y las frívolas comparten el mismo espacio.

En esta etapa apasionante de nuestra historia vale la pena descubrir las corrientes de fondo y no quedarse con las espuma de las olas. Hoy se están generando los problemas del futuro y poca gente se atreve a encararse con el largo plazo porque los votos los da la actuación sobre lo inmediato.

En mi opinión, varios asuntos deberían reclamar nuestra atención por su magnitud, y cito algunos ejemplos:

Europa y los países europeos: la inmigración, proceda de donde proceda, tiene causas identificables y soluciones complejas. Algunos países necesitan trabajadores, a otros les sobran. Y no hay acuerdo, de modo que la tensión que se acumula amenaza con provocar conflictos en la UE. Sumemos a esta situación un dato extremadamente preocupante: únicamente tres países de la UE cubren la tasa de reemplazo generacional. Y no es un fenómeno nuevo: España lleva lustros sin hacerlo.

El envejecimiento de Europa todavía no ha planteado realmente una situación especialmente preocupante. De hecho, los países meridionales cuentan con unas tasas de desempleo desorbitadas y, en el caso del paro juvenil, demenciales. Pero en unos años la situación cambiará. No habrá europeítos suficientes para mantener a los europeos ancianos. Y –como hemos comprobado durante estos años de crisis– el estado del bienestar es muy vulnerable.

En este punto, dos factores entran en juego: el futuro del empleo y la tecnología:

  • ¿Habrá trabajo para todos?
  • Si lo hay, ¿quién trabajará? ¿Inmigrantes?
  • Por otra parte, ¿suplirá la tecnología a las personas? Si es así, ¿cómo y hasta qué punto?
  • ¿Es esta cuarta revolución industrial –término consolidado en la reciente cumbre de Davos– el final de un modelo económico y empresarial –y, en consecuencia social–?

Suceda lo que suceda, lo que parece claro es que el mundo tal y como lo conocemos hoy cambiará. Europa cambiará. España cambiará. Cataluña cambiará. Porque, la historia nos lo indica, es inevitable contener los movimientos demográficos. Porque ante un cambio o revolución tecnológica, habrá que encontrar, como se hizo en las anteriores, alternativas.

Mi confianza en la capacidad del hombre para superar un cambio como el que parece avecinarse permanece intacta. Desaparecerán puestos de trabajo, pero aparecerán nuevas oportunidades. Eso sí: con un coste, el de todos aquellos que se encuentren en el lugar equivocado y en el momento equivocado.

Sí que veo –y aquí coincido con las opiniones de algunos expertos– que el declive demográfico cambiará nuestras sociedades de tal manera que somos incapaces de imaginarlo. Los llamados valores europeos, las tradiciones, las lenguas, el color de la piel… Todo quedará diluido y mezclado probablemente con lo que traen consigo los inmigrantes. Como dicen los liberales –y en esto no les falta razón– no free lunch o, en castellano, nada es gratis. No hay hijos, pues…

Son ejemplos de estas corrientes que de un modo más o menos visible están actuando y que preferimos ignorar: desde los responsables políticos a los ciudadanos de a pie. Pero hincarle el diente a un problema que todavía no tenemos no es demasiado popular, ¿no? Y las conclusiones a las que llegaríamos quizá pondrían en cuestión la validez de los actuales “valores europeos”.

Demografía, inmigración, trabajo, tecnología: cuatro aspectos que debemos tratar con urgencia y valentía, porque, en función de cómo interactúen, producirán unos efectos u otros.

Me temo, sin embargo, que continuaremos pendientes de las tonterías que dicen los políticos y los futbolistas de 2016. Y, tal vez, antes de que nos demos cuenta, el calentamiento global provocará la subida del nivel del mar y… ¿qué pasará con el Maremágnum de Barcelona?

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Eutanasia infantil en Bélgica: “Un trofeo para los que la promueven”

El entrecomillado no es mío: pertenece a un artículo del periodista belga Francis Van de Woestyne, publicado en el rotativo La Libre Belgique, del que se hizo eco El Mundo el día 13 de febrero.

Bélgica, que tantos problemas tiene para formar gobiernos, no los tuvo para aprobar la eutanasia en 2002 y para convertirla en infanticidio en 2014. Los datos que ofrece El Mundo estremecen (si son ciertos, en el caso de las encuestas, del que ya hablamos en otro post): según La Libre Belgique, un 74% de los belgas apoya la aprobación de la eutanasia infantil. ¿Datos “hinchados”?

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Las sociedades no cambian porque sí: Cómo se “vendió” el aborto en Estados Unidos y los progres, El País, Prisa y el PSOE lo han hecho en España

Publicaba recientemente que medios como El País, aliado natural del PSOE, y el grupo de comunicación al que pertenece, PRISA, ha contribuido ha cambiar a la sociedad española.

Vuelvo a la carga porque ayer o anteayer este periódico publicaba una encuesta bajo un titular llamativo en el que se afirmaba que una gran mayoría de católicos españoles estaban de acuerdo con el aborto.

No perdí ni un minuto regalando una visita al artículo de la encuesta, pero gracias a un tuit descubrí esta página, que paso a reproducir. Vale la pena leerla, pero para los que tengáis más prisa, destaco fragmentos en negrita. El texto pertenece al doctor Nathanson, el rey del aborto durante años en Estados Unidos, que renunció después a su “obra”, en el que resume la estrategia que siguieron para aprobar el aborto es su país. es curioso, pero, paso a paso, los proabortistas han seguido en los últimos años esta estrategia en España:

Fui uno de los fundadores de la Asociación Nacional para Revocar las Leyes sobre el Aborto en E.E. U.U., en 1968. Entonces una encuesta veraz hubiera establecido el hecho de que la mayoría de los norteamericanos estaban en contra de leyes permisivas sobre el aborto. No obstante, a los 5 años habíamos conseguido del Tribunal Supremo que legalizara el aborto en 1973.

¿Como lo conseguimos? Es importante conocer las tácticas que utilizamos, pues con pequeñas diferencias se repitieron con éxito en el mundo Occidental.

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Las sociedades no cambian porque sí: en El País hoy toca eutanasia

Hoy la edición digital de El País pública una de sus habituales píldoras ideológicas, en este caso, en favor de la eutanasia: la historia de José Luis Sagüés, profesor universitario, enfermo terminal, que decidió poner fin a su vida en un momento concreto, con la ayuda, cómo no, de DMD, que se ha apropiado la expresión derecho a morir dignamente.

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